Salvarle a alguien la vida para destrozársela tú.


viernes, 29 de mayo de 2015

Todo lo que se supone que ganas cuando pierdes.



Volví a soñar contigo.
Y no sé.
Fue lo primero que leí al abrir los ojos.
Quiero creer que
La vida está hecha para no entenderla del todo.

Si atada a los entresijos que se presentan
sólo puedo pensar en la vida
que me queda por vivir
lejos
de este sitio
de este mundo
de ti.

Acordarme de ti 
como quien se acuerda de la mejor noche de su vida
y de la resaca
del día después;
muerta en el sofá y con ese dolor de cabeza
que te saja un poco también
el corazón.

Entiende que ya no es lo que era
porque
Lo que era, 
ya no existe.

Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo.

A veces
la vida
nos invita a dar un salto.








miércoles, 27 de mayo de 2015

k i s s m e s l o w


Sobre tu piel
mi boca tiene más sentido.

Sobre tu boca
mi piel tiene más sentido.

Sobre ti 
la vida
tiene más sentido.




domingo, 17 de mayo de 2015

Cualquier pérdida es una ganancia.




<< Las pérdidas son positivas... 
Tenemos que aprender a perder. Debes saber que tarde o temprano todo lo que ganas lo perderás... 
Aceptar es una cuestión de tiempo, perder es una cuestión de principios... 

¿Y el duelo? ¿Dónde queda el duelo, pensar en la pérdida, en lo que significa la pérdida?... 

Me había despedido, había llorado, había reído. Había, sin saberlo, realizado mi primer duelo, había hablado sin tapujos de la pérdida y la había transformado en ganancia... 

Sin duda, las pérdidas son positivas... 

Ya que cada día sufrimos pérdidas, algunas importantes que nos desilusionan, otras menores que nos inquietan... Cuando pierdas, convéncete de que no pierdes, estás ganando la pérdida. [...] >>

De libros que te marcan la piel.







Dedicada a todos 
los que siguen queriendo ser diferentes
y luchan  contra aquellos
 que desean que seamos todos iguales.





Yo también me quiero.

El tiempo no da tregua,

ó 

no hay tregua
 para más tiempo.



No es que no tenga nada que decirte; sino que ya te lo he dicho todo.

Me siento rota.
Y supongo que los pedazos son las marcas que vas dejando en el camino.

Hoy quiero sonreír después de haber llorado mucho. 
Lloré por alguien que sigo queriendo con toda mi alma,

y a ese tipo de personas no habrá que olvidarlas nunca, claro.

Pero he de recordar-me- que;
nadie le pertenece a nadie.
Podría decirlo más alto;
NADIE LE PERTENECE A NADIE.

y se nos olvida.

He aprendido que las personas van llegando a tu vida cuando deben llegar.
Por algo, siempre por algo.
Para salvarte, para quererte o para destrozarte.
Y lo mejor es que todo eso puede ir por fascículos, 
uno tras otro,
y cuando menos lo esperas o cuando menos lo necesitas;
ahí está.


Existen sabios que dicen que las leyes del cosmos o la propia física hace que te cruces con ese alguien en ese lugar a esa hora. La primera sensación que se tiene es de pánico. Se entremezcla con un hormigueo incesante en la boca del estómago y un sabor de boca agridulce.
Y ahí está.
No se puede evitar el miedo a no estar a la altura. Te ves ahí, pequeñita y diminuta frente a todo lo que te invade -física o mental o psíquicamente- y entonces te tiemblan las piernas y casi caes estrepitosa al suelo con las manos al frente.

Se nos olvida que somos reemplazables, que nadie es imprescindible, que puedes un día despertar y no significar nada para nadie. 
Salvo para ti mismo.

Cuando menos lo esperas todo vuelve a empezar. He de admitirlo, no es tarea fácil. Hay momentos en los que tratas de arrancarte el puto cerebro que te hace pensar, y otras que tan sólo acaricias cada trozo de tu cuerpo como si de oro se tratara.

Lo que más miedo da en la vida es sentirse vacío, inhóspito, despoblado de sentimientos.

Al menos yo lo creo así.

¿Pero sabéis qué?  



Y, sobre todas las cosas...





sábado, 16 de mayo de 2015

Hace frío sin ti, pero se vive.

(Del lat. crudelĭtas, -ātis).
1. f. Inhumanidad, fiereza de ánimo, impiedad.
2. f. Acción cruel e inhumana.


Supongo que no te das cuenta de nada hasta que estás ahí, presa de la culpa y aún del tiempo. Entre la vorágine de emociones que sobresaltan ante el desengaño, el miedo y la decepción hacia uno mismo. Allí, entre cuatro paredes metida para el resto de la eternidad. Ebria, perturbada, irreflexiva, demente. Todo de ti. 
De mi.
De todas las cosas que nunca se deben pero que finalmente se hacen.

Y entonces estallas. 
Cómo una cándida, fugaz y ardiente bola de fuego que comienza a enredarse entre los poros de tu piel desde la planta del pie hasta el último pelo que tienes en la cabeza.
Así, de repente.

Supongo que el dolor está sobrevalorado y carece de importancia sino lo sufres tú. 
Tu misma piel ha de arrugarse tras las miles de horas que te tiras bajo el agua tratando de ahogar pensamientos.
Romper a llorar. 
Romper contigo misma.
Dejar atrás lo demás.
Dejarte atrás a ti misma.


Me acuerdo de todas esas tonterías que te escribía en las mil fotos que te regalé. 
A día de hoy sigo teniendo sólo una única foto de ti. Qué paradoja.
Me acuerdo de esa sonrisa inútil con la que recortaba todas las formas de las fotos para pegarlas sobre la pared. Rodeadas de lucecitas amarillas por todos lados.

No sé en qué momento dejé que me hirieran.

¿Cómo sabes si quieres a alguien? O... por decir; ¿Cómo sabes si lo has querido? ¿Cómo sabes donde empieza ese no retorno odioso?  ¿Cómo sabes si algún día volverás a querer
Dicen que eso que ocultas es lo que más muestra de ti.
Sexo desenfrenado, amor que se escapa de los dedos o la mera inocuidad de una sonrisa al despertar.

Recuerdo que solía -me tiento a hablar en pasado- ser muy feliz aferrada a ti. Allí pegada a ti en cualquier rincón. Mis anclajes no paraban ninguno de los latidos de tu corazón. Podía estrujarte y disfrazarme.
Muerdo -mordía- el fuego por ti.

Supongo que cualquier escrito de los míos sigue siendo un total e irrevocable despropósito. 
No pretendo que lo entendáis, sólo quiero volver.
Volver a sentir,
o volver a volar
sola 
sola y alejada del mundo
que 
cada día 
poco a poco
me hace más y más
y más
trizas.


No pretendo nada. Menos aún justificarme. Sé que nunca tendré perdón y quizá perderé más que nunca en mi vida.
Nunca, nunca, nunca; qué palabra tan sombría. 

¿Cuánto han de doler los errores que cometes?

Supongo que siempre nos quedará la risa para disimular que duele.


Rompí a llorar. Me encanta esa expresión. No se dice rompí a comer o rompí a caminar. Rompes a llorar o a reír. Creo que vale la pena hacerse añicos por esos sentimientos.








jueves, 7 de mayo de 2015

''A la mierda el conformismo, yo no quiero ser recuerdo.
Quiero ser tu amor imposible,
tu dolor no correspondido,
tu musa más puta,
el nombre que escribas en todas las camas que no sean la mía,
a quien maldigas en tus insomnios… ''




Elvira Sastre







miércoles, 6 de mayo de 2015

Ya no sé ni lo que extraño.




Si ya sé que voy a estar mejor cuando te vayas, pero te explicas fatal.



Cuando tenía 16 años me enamoré .
Pérdida y locamente de un muchacho que escribía. 

Me acuerdo de una libreta negra que guardaba bajo llave y que nunca me dejaba tocar ni mirar. Siempre me decía que eran pensamientos demasiado oscuros y era mejor no volver a leerlos jamás. 
También me escribía cosas hermosísimas, y tenía una sonrisa que tapaba toda la oscuridad del universo.

Me enamoré tanto que tuve que crecer para vislumbrar que la Tierra no giraba sobre nosotros.

Tenía 16 y creía firmemente que el mundo podía conformarse de la bondad de las personas. 
Me equivoqué. 
Y era tan feliz que ni puedo describirlo.

Tenía 16 y me enamoré de un tío al que le encantaba viajar y descubrir mundo. No sabría decir cuántas veces me dejó sola mientras se largaba a bifurcar tierras lejanas.
Y he de admitirlo, al principio incluso me pareció una idea brillante. Alguien con quien compartir experiencias y relatos nuevos. Alguien que te susurrara al oído lo bonito de otros lugares.

Pero no hubo nada.

Y cuando van pasando los meses y tu vida no es más que el espejo oxidado de otra persona que no da por ti ni un duro la idea deja de tener gracia alguna.

La inmadurez.

A los 19 años aún seguía enamorada de él y ya me había engañado con otra. 

No me importó. 
Me mintió mil veces y Dios sabe que ningún amor hubo tan grande cómo el mío para estar tan ciega. 

Aún recuerdo muchas conversaciones que tuvimos, detalles e instantáneas eternas que tengo en la cabeza grabadas a fuego. Y no sé, a veces confundo pequeños momentos y sonrío. Ya no sé si de pena o de melancolía. 

Hasta que te conocí a ti.

A los 21 me había enamorado otra vez.  

No exagero, hablando de emociones que te recorren las entrañas.

Seguía siendo una cría y nunca hubo nadie que pudiera apaciguar mi locura. Era impulsiva e incontrolable y tardé en quererme a mi misma mucho tiempo más.
Ya no confiaba tanto en la gente y tenía cicatrices que seguían ardientes bajo la piel. Era inconformista y exigente como la que más y no tenía afrontamiento alguno ante la frustración.

Puedo asegurar que no hubo un amor tan destructivo como el tuyo.

Creo que la vida va dejando huellas sobre ti y al final sólo te quedan esas marcas para cerciorarte de que sigues vivo. Yo ya tengo la piel llena de cicatrices,  pero las peores son las que se quedan en la mente.
Y es cierto eso de que la atracción mental es mucho peor que la física.
No pude liberarme de ti.

Tenía 21 y a simple vista podía haber sido incluso alguien con talento. Nunca había tenido problemas en los estudios y siempre había dado todo de mí para con los demás. 
De algún modo extraño se me quería y los errores podían empaparse con las buenas intenciones.

Hasta que llegaste tú.

Tenía la carrera prácticamente acabada, una familia maravillosa y -sin embargo- la cabeza total y absolutamente desbordada.
No me calmaba nada. La ansiedad me consumía por las noches y no dormía nada. Los días confluían entre ellos y no podía parar de pensar en un futuro que no quería vivir sola. 
Y aún rodeada de gente fallé a casi todo el mundo inimaginable. Me lastimé. No sabía quien era, perdí mi ser.

Menos de dos décadas y había perdido la cabeza por alguien que no me quería. 
Cuando llegaste tú me enamoré del entresijo de sensaciones que sentía cuando me mirabas, y no había nada en el universo que tan siquiera se pudiera comparar.

Cada vez que me atravesaba tu mirada el mundo se empezaba a derrumbar. 
Las cosas empezaron a carecer de sentido. Dejé -más si cabe- de quererme y empecé una autodestrucción muy lenta que me dejaba echa un ovillo por la noches. No lloraba porque derramar más lagrimas era imposible, y cuando escuchaba música tenía en la cabeza las 3 putas canciones que había preestablecido para recordarte.

¿Y qué hay peor que recordar? 

Aún a día de hoy echo de menos a aquel tío del que me enamoré con 16 años.
Nunca volvería con él, claro, pero hubo algo en aquella historia que no me dejó tan echa trizas.

Me gustaría que romper el vínculo con alguien no siempre tenga una connotación tan negativa para la sociedad. 
Me refiero a que yo preferí alejarme de aquel chico porque sabía que lo estaba frenando.
Y eso es bueno, supongo.
Tener la determinación de aceptar que te va a doler, pero que liberas a alguien del cargo que supones.
Tuvo que ser bueno en algún rincón del dolor que me causó.

Mi segundo amor fue el amor más bonito de la historia de mi vida.
En la vida he conocido persona mas dulce y atento que aquel chico. Estaba prácticamente echo a mi talla y medida, y aquel comienzo de cuento fue tan intenso que me desbordó.

E igual que me desbordó no atisbé a darme cuenta de lo mal que me porté con él. 
Se me olvidó que era impulsiva e incomprensible y le hice sufrir demasiado.
Lo sé. A día de hoy me odio por ello y creo que nunca me lo perdonaré.
Dicen que tu libertad acaba cuando empieza la del otro y yo me la tatué en la espalda. 

Era tan cría que ni siquiera hoy en día puedo hacer apología de ello.

No sé, en el fondo lo pienso fríamente y pregunto; ¿sirve para algo ser alguien que no seas tú mismo?
Yo era así; incontrolable, obsesiva, inconformista, exigente, impulsiva...  ningún ser humano podía parar mi autodeterminación mental.

Hasta que llegaste tú.

Y todo lo que me diste -si de verdad me lo prestaste algún día- fue como vivir en otro sitio distinto sin oxígeno para pensar ni gravedad que me soportara.
Y lo sé, la fuerza de la gravedad no tiene la culpa de que nos enamoremos. Eso es lo peor.
Que también -como tantas cosas- fue culpa mía.
Y lo digo bien alto: FUE CULPA MÍA. Sin desasosiego ni remordimientos, aún sangrando y siendo poco objetiva ante el asunto.

No me enamoré de ti. Fue algo que traspasó cualquier frontera que yo pudiera tener cubierta, nada que hubiera vivido o tan siquiera rozado. Fue algo tan irreal como mentira.
Y sabía cómo me mirabas antes de que fueras.
Hasta que ya no me quisiste mirar más.

No hay que lamentarse tanto, -creo- la vida es eso. Dejar que unos se vayan para que otros nazcan.
Y también con las ilusiones, supongo.
Con las mentiras, con los juegos de miradas, con las ganas de morderte sobre cualquier cama.

Quién sabe.

Cuando tenía 21 años no me enamoré. Me enamoraron. 
Y conste que siempre era yo la que daba el primer paso hacía el frente.
Que en cualquier puente me habría caído la primera y con la cabeza bien alta.

Nunca el amor me hizo tantísimo daño. Y lo peor de todo es que las cosas que no tienen sentido suelen tener una sonrisa preciosa.
Eso fuiste tú, mi sinsentido. Algo que no da tregua a la razón y se escapa siempre de la dinámica que mueve el mundo. Algo soberbio, algo increíblemente agotador y a la vez inimaginable.

No sé muy bien si es necesario tener principios,
pero tú y yo nunca tuvimos un final.
En el fondo me alegro, sólo tenía 21 años y toda una vida por delante.
Sino me dedicaba a drogarme o a refugiarme debajo del colchón saldría adelante con el tiempo.

Qué horrenda mentira eso del tiempo, me dijeron.
Tuve que tenerte enfrente para comprobar que era verdad.

Ese sentimiento de atracción-repulsión. 
Pero con la vida.
Con el tiempo, con las ganas, con el vacío, con el abismo, con el sexo y sobretodo conmigo misma.

Fuiste previsible hasta decir 
me aburres.
Y dentro del abismo que cree para ti
aún estaba yo dentro,
aún estabas tú.
Aún estaban todas las veces que me enamoré con 16 años.

La RAE dice que enamorarse es: 

-cito, porque merece mención-  Excitar en alguien la pasión del amor.


Yo nunca pensé que tú fueras como los demás,
         
y

sin embargo, 

qué 

pena.





martes, 5 de mayo de 2015

De cuando te tenía agarrado a mi cintura frente a aquel espejo.

Los martes solías quedarte entre mi pelo. 
Porque era lo que más te gustaba. 

Y yo solía enfadarme mucho, desmayada. 
De amor
de mentira, desmayada. 

Descalza. 
Desnudos.
En la cama de los buenos momentos. 


Haciéndote cosquillas. Haciéndote llorar. 
De amor y de mentira.

Cada martes.


De Miss N.

Acercarse no cuenta como derrota.

Olvidar que existimos. Alguna vez.
Olvidar que alguna vez olvidamos que existimos. 

Rasgar tu lengua con mi saliva. Olvidar.
Mi saliva.
Tu lengua. 

Olvidar.
Rasgar.



-


lunes, 4 de mayo de 2015



Touché.






domingo, 3 de mayo de 2015

La historia de mi vida.

-No puedo vivir sin ti.
+Sí que puedes...
-Sí, pero no quiero.




La prodigiosa puntería del que no quería hacerte daño.





Mi foto
My madness keeps me sane.