Salvarle a alguien la vida para destrozársela tú.


lunes, 30 de mayo de 2016

Yo que querría.


''A medida que el año llegaba a su fin tuve la oportunidad de compartir con alguien que me enseñó bastante en poquito tiempo. En una de nuestras conversaciones le decía que mi prioridad en cada contacto con otro ser humano era cuidar de su corazón.

"Y también cuidar el de uno", me dijo él.

Cuidar también el corazón de uno.

Soltar es aflojar los puños, dar y hacer espacio. 
Significa perder el miedo a quedarse con las manos vacías.

Pensé en cierto corazón que llevaba rato cargando entre mis manos con la delicadeza de quien acaricia un pajarito herido. Y entendí que mis manos no son sitio para curar un ala. 
Mis manos no son sitio para enmendar tu corazón.''




''Yo que, yo que querría... poder contarte, que ahí afuera está la vida y sólo hay gente que quisiera comprenderte, y abrazarte, y alegrarte y ayudarte siempre...

[...]

Duerme que ahí afuera solo hay monstruos, sólo hay gente... que te compra y que te vende, que te odia, que te miente, que te roba, que te mata, que te viola y que no siente nada. ''







*


''La primera vez que caí en la cuenta de que le había permitido quebrar algo en mi interior, me encontraba tendida junto a él.

Era mayo y estábamos mareados por tanto dolor.

Soy incapaz de recordar muchas cosas sobre aquella noche, salvo la soledad. La noción de tenerlo a mi lado y sentirme sola.

Empecé a llorar como hago cuando no puedo hacer ninguna otra cosa y el muy idiota confundió el vaivén de mis hombros con frío. Cubrió mi cuerpo palpitante con una manta hasta que sus dedos se hundieron en mis lágrimas, haciéndole entender la otra clase de frío que me hacía temblar.

Desde que era niña, cada vez que miraba las estrellas les pedía por alguien. Incluso cuando me hice adulta y estaba saliendo con este tipo o el otro, seguía pidiendo lo mismo: alguien.

Desconozco desde cuándo la humanidad ha estado otorgándole a las estrellas la responsabilidad de escuchar y cumplir nuestros deseos. Sólo sé que, desde que nos encontramos, he dejado de pedirle a los astros que cierren la brecha de mi soledad. Porque entendí que querer estar con alguien no es conformarse con cualquiera. 

Que te quieran a su manera ó que no te quieran es la misma mierda con olor distinto, pero el amor también es esto.

«A veces siento que no estoy hecha para el mundo», le decía a mi madre por teléfono hace unos días. «No estoy hecha para vivir en un lugar en el que tenga que desligar mis sentimientos de todo, incluso de mis afectos.»

Porque la cuestión es que yo creo en el amor.

Y creo que el amor quiere durar para siempre, aunque no dure.''


Nadia Alejandra.





jueves, 26 de mayo de 2016

Miedo.









miércoles, 25 de mayo de 2016

Nothing else.


''Aunque la verdad es que he echado cuentas y puedo afirmar que, mucho antes de conocerte, yo ya te quería.

Y sí, ya sé que no soy el primero que dice esto, que es posible encontrar conjeturas similares en las dedicatorias de las novelas de bolsillo, en las carpetas de los escolares, en los estribillos a medio tiempo de cualquier cantautor coñazo.

Aunque yo no soy cualquier pintamonas: tengo pruebas científicas, concluyentes e irrefutables.

Porque si observas muy, muy atentamente las principales obras maestras del Barroco, coincidirás conmigo en que, allá por el 1683, yo ya te amaba con toda la magnitud de los claroscuros y las poses afectadas de los santos.

Año más, año menos: tampoco soy un experto.

Pero es que también es evidente que, en la Edad Media, yo te deseaba ya con la sumisión del caballero para con su dueña; y que, en la época de las mastabas y la movida cuneiforme, también te adoraba como a una diosa fértil; y que incluso en el Paleolítico, cuando no había hipotecas multidivisa y la cosa se apañaba con unos cuantos árboles tan antiguos como la Tierra, yo ya quería llevarte al huerto.
Y eso que aún no había ni huertos.

Imagínate.

Y en fin: ahora estoy haciendo un doctorado acelerado en Astronomía porque sospecho que, allá por el Big Bang, yo también bebía ya los vientos por ti.

De hecho, también intuyo que la partícula extremadamente densa y explosiva, que fue el origen de todo, no fue una partícula cualquiera: éramos nosotros.
Folleteando, besándonos, arañándonos, ardiendo a eones de distancia.

Pero claro: no nos conocíamos, porque aún no había nada por conocer.

El caso es que tengo todos los datos, todas las intuiciones. Tan sólo me falta completar unos esquemas y resolver unas ecuaciones de nada. Pero quería escribirte esto porque me moría por adelantarte los resultados de mi investigación.

Lo único que me jode es no poder conocer de igual forma el futuro; eso sólo lo pueden hacer los dioses.
Y yo tan sólo soy un loco.
Porque te confesaré algo: con todo, a veces me pregunto si seremos capaces de querernos mañana.
Y no obtengo ninguna respuesta empíricamente válida.
En realidad, no encuentro respuesta alguna.
Y eso me mata.''



-Lo que yo quería deciros.
Jose M. Campos-








martes, 24 de mayo de 2016

Escalofrío.





Eres mis ganas de abrazarte a medianoche y no soltarte.







Te quiero, joder.




El amor debe ser algo así como enfadarse y estar deseando perdonarse.







martes, 17 de mayo de 2016

Siento cosas que no puedo explicar, bésame.



-No lo entiendo. Todavía se quieren. ¡Los dos! ¿Qué le ocurre al mundo? ¿Cómo puede ser que dos personas que se quieren no estén juntas?
+No sé, no me extraña tanto. Son cosas que entiendes cuando te haces mayor.
-¿Cuando te haces mayor? ¿O cuando decides que prefieres ir a lo cómodo en vez de luchar por lo que te toca el alma?
+A veces no se puede luchar. A veces se te niegan las cosas porque sí, y no tienes la oportunidad de nada. Porque existen límites.
- ¿Límites? Vaya argumento más pobre. El cielo es el límite.









Cinco minutos más, pero contigo.




´´ De eso se trata. De coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves.
 Con gente que te enseñe a mirar con otros ojos. ´´



Benedetti.



viernes, 13 de mayo de 2016

besos que te curan y hacen más corto el invierno.


Hoy, al levantarme y mirarme al espejo, me he acordado de él.
Hace ya más de un año que conocí a Óscar. Aquel día fue bastante especial. Aún lo tengo en la mente y podría describirlo como si de ayer se tratara.
Llegué allí muerta de miedo, aturdida, ilusionada, exasperada... y qué poco sabía todo lo que iba a sufrir.

Y lo vi. Lo saludé tímidamente y él ni siquiera me miró. Qué rara me sentí. 

En aquel sitio la gente no fue tan amable como esperaba. No fueron cálidos, no me hicieron sentir bien, no me apreciaron, no me sentí integrada ni pude disfrutar de verdad.
Pero por suerte lo conocí a él. Y creo que es de esos ángeles que aparecen en tu vida para enseñarte algo y demostrarte lo que vale levantarse cada día.
Óscar tenía catorce años y la fuerza de mil soldados. Estaba muy delgado y su piel era más oscura de lo normal. Por desgracia, en sus ojos siempre vi tristeza y puedo contar con los dedos de una mano cuántas veces lo vi sonreír.

Allí, día tras día, me dí cuenta de la crueldad con la que a veces te golpea la vida. Y cada instante que viví con él me enseñó a valorar lo que tenemos ahora mismo sobre las manos.

Aún recuerdo aquel día que tuve que salirme al pasillo para coger aire y poder respirar.
Joder, cuanto me costaba respirar en aquel sitio a veces. Estaba todo lleno de colores, todo lleno de dibujos, de personajes animados... A veces venían los bomberos y hacían algún espectáculo, a veces alguna asociación traía regalos...  pero eso a Óscar le daba absolutamente igual.

¿Habéis tenido alguna vez a alguien clavado en el pecho? A mi ese crío se me clavó. Fuerte, profundo, como una espina.

Llegué un viernes por la mañana y resultó que ya no estaba. Resultó que ya se había cansado de sufrir y llorar. 

Y, bueno, con 21 años se me murió un crío. 
No era mío, no fui su madre ni nadie de su familia, lo conocí apenas un par de meses atrás y claro, estoy segura de que no signifiqué para él lo mismo que él para mí pero -de corazón- recé mucho para que te sintieras feliz y tranquilo haya donde estés.

En aquel instante sentí como la sangre se me congelaba, como cada músculo se me contraía, como se me paralizaba cada parte de mi ser, como la mente se me bloqueaba y allí me quedé, pasmada, fría, impasible, mareada, anestesiada... durante al menos diez minutos. Y sentí una tristeza extrañamente singular, un dolor que se me agarró al pecho y una rabia que me provocó ganas de vomitar.
Y tuve que salir a tomar aire otra vez. Pero esa vez no logré respirar.

Me acerqué a su cuarto, miré las paredes, miré su cama, miré la pared y salí de allí con la firme convicción de que no volvería a entrar en aquel lugar.

Y nunca más volví a entrar. 
Y entonces comprendí porqué aquella gente no fue cálida conmigo, porque no me enseñaron a sobrellevar las preguntas de los padres, porqué no me arroparon cuando lo necesité.

En aquel sitio no había manera alguna de sobrellevar el dolor. No existía. No había ninguna técnica, ninguna estrategia, ninguna forma de poder pasar de puntillas por las historias que te rodeaban.
De repente, la realidad llegaba y te golpeaba en seco con una fuerza ensordecedora. Un peso enorme sobre tus hombros. Los padres lloraban mucho, los niños lloraban más aún.
Y cuando -inevitablemente- empezabas a querer a alguien un poco más de la cuenta, sin indulgencia alguna, la vida te lo arrebataba. 

De verdad, el peor drama que he visto nunca.

Sólo quería decirte que he estado pensando en ti. Que desde la Tierra te mando un abrazo enorme hasta cualquier cielo mágico o espacio infinito en el que estés.
Y espero, desde el primer hasta el último recoveco de mi corazón, que seas feliz y puedas descansar tranquilo y en paz.
Gracias por enseñarme tanto, campeón.











A ti, Óscar.




miércoles, 11 de mayo de 2016

Crecer, ese bonito malestar.


El día que llegué a Londres no paraba de llover. Enfrente de aquel edificio caían mil gotas sobre mí.
Y así sigue, qué casualidad. 9 meses. Podría decir que antes me parecía tan raro.... Y fíjate, cómo mi segunda casa.
Por Dios, qué odisea con la casa. Y cómo odio las mudanzas. Parecieron mil años durmiendo bajo aquel techo, y por suerte todo salió fatal.

Menos mal que he crecido. Joder, menos mal. Qué clase de tonterías tenía antes en la cabeza... Después de tres años y habiendo entrado en la primavera de los 22 puedo decir que -por fortuna- he aprendido tanto este tiempo que todo lo vivido me parece insignificante.

Sigo sin cuidarme demasiado y mi salud ha tocado a mi puerta varias veces... pero estoy segura de que aún no ha llegado mi hora. Mi anhelo de superación y autoexigencia siguen a la orden del día. A veces se me escapa disfrutar y me centro en avanzar sin siquiera cerciorarme de cosas verdaderamente importante.

Ya sabéis, aún he de cambiar eso.

22 añitos y parece que fue ayer cuando la vida se me trucó.
No sé muy bien qué sucedió primero, pero fue totalmente un intento fallido de convertirme en alguien que no era. Después llegó aquel año de tortura e insatisfacción.
Y no sé, en el fondo me gusta recordarlo porque siempre me hace más fuerte.

Antes no podía encasillarlo en ningún lado, me asfixiaba tenerlo en una laguna de recuerdos. Pero ya no, ya casi ni me roza. Y supongo que crecer tiene eso. Te vas dando cuenta de lo que de verdad importó y de todo el tiempo malgastado.

No me malinterpretéis, también sé que aprendí mucho. Aún inmersa en todo aquello que me devoró por dentro y después de haber sobrevivido a aquella batalla sé que pasó por algo.
Toda una lucha incesante, inagotable, inherente y voraz entre mi mente, mi cuerpo y mis deseos.
Y joder, qué dura aquella guerra.

Pero salí. Salí de todo eso y ahí está. La idea innegable y verídica de que todo pasa. Siempre me ha gustado afirmar que todo pasa y todo llega. No te preocupes, si aún no es tu momento, llegará.

Mi entrada a los veinte fue horrorosa. Un proceso claro de autodestrucción lento y doloroso. Y mientras tanto la vida seguía. Ahí, a escondidas, en mi espalda, en el reloj, cada día.... seguían las clases, los exámenes, los días de lluvia, las ganas de buscarte...

Me arrepiento de muy pocas cosas en la vida. Veo todo eso como algo lejano que ya se fue. Y no me cabe duda, siempre lo recordaré, así funciona todo. No se puede avanzar sin tocarse un poco las cicatrices de tiempos atrás. Pero todo parece ya tan distinto...

Ya sabéis, soy de esa especie rara de personas que se mueven por emociones fuertes y cosas que me hagan vibrar. Una movida bestial. 
Hace un mes fui a buscarte a otro país y creo que pudo ser el mejor invento de mi vida.
Y lo sé, puedo estar loca, chalada, demente, puedo ser ilógica, increíble, estúpida, inagotable... pero sé que -si me muriera mañana- habría hecho todo lo que he podido y más.

Y para mí eso es suficiente. 

He perdido grandes amistades por el camino. Grandes personas, momentos, he perdido mil palabras y me quedé con muchas verdades que decirte. Me han engañado, me han utilizado, me han hecho todo el daño del mundo, he sufrido a ratos...  

Pero aquí estoy. Viva. Aún. Sonriéndote.
Y si me muero mañana te mando un beso increíble y sobretodo un abrazo a cada uno de los que han hecho mi vida un poco más fácil cuando lo he necesitado.
Todo se resume a eso.
Estar en cualquier lugar haciendo cualquier cosa rodeada de gente que trate de darnos, de ayudarnos, de comprendernos. Sentir. Todo se resume a poder sentir fuerte y profundo, a encontrar algo que nos traspase el corazón, que nos acaricie el alma, que nos enseñe y aliente a seguir un día más.
También están los que quieren hundirnos, por supuesto. Pero esa gente...  que se pudran en el infierno, ya iré yo después.

Hoy hace nueve meses que llegué a éste país de locos y  -en el fondo- lo único que he hecho ha sido crecer y aprender. Sentimientos nuevos, ilusiones nuevas, viajes, música... también desengaños, también lágrimas, desconsuelo, dolor, echar mucho de menos todo y a todos...  y tú. Tú como esa luz en mi vida que brilla aún en la oscuridad, tú como una sonrisa cada noche y tú como la luna que nos guarda a los dos -dí lo que quieras, seguiré siendo igual de ñoña siempre-.

Desde que tú, toda esa mierda lo sigue siendo, pero estás tú y con eso es suficiente.


Escribo sin sentido porque se me agolpan todas las ideas y sólo trato de desquitarme un poco de mí. Qué cansada estoy de mi. Pero qué guapa soy, y cómo me quiero.
Una mejor, nueva y renovada versión de mí misma.
Lo digo bien alto; menos mal que he crecido.

Nada, sólo dejar constancia de que sigo buscándome entre el cosmos y que algún día me hallaré plena y segura en algún universo mágico, paralelo e irreal de tu mano.

Mientras tanto, me dedicaré a vivir.
¿Te vienes?









domingo, 8 de mayo de 2016

Voy a solucionar tu mundo a besos, abre.


Te vi en aquella estación. Esa mirada y tus brazos abiertos para atraparme y fundirme en ti -al menos- hasta el día en el que me vaya del mundo.
En aquel instante sentí que la vida dejaba de tener un sentido lógico cuando estabas cerca. Conoces bien cada guerra, cada herida, cada parte de mi ser. Y llámame loca, pero jamás cambiaría la forma que tienes de hacerme temblar.
Nada, cada segundo a tu vera como el mejor cuento de críos que se puede contar.
Qué locura.

Quizá hará cuatro o cinco años que no lloraba de tal manera. Que no me deshacía por dentro cuando alguien me abraza y me estruja con amor. Allí en ese pequeño rincón del mundo, envuelta en ti, y llorando.
Y llorando de verdad, sin siquiera quererlo, sin necesitarlo, llorando porque se me erizó el vello, el alma, porque se me encogió el corazón y no había sensación que describiera cuánto me haces sentir.

Por dios, ¿cuándo fue la última vez que lloré de felicidad? Allí, cómo si cinco años tuviera, -de repente- me puse a llorar. Y cada nota de música que sonaba sólo conseguía abrir más y más una grieta que llevaba años sepultada. De esto que viene alguien y te deja desnuda ante la realidad. De esto que te vacía de todo lo malo que existe en el mundo y de todo lo malo que has vivido y empieza a llenarte de algo tremendamente esperanzador. Algo raro, como una sensación de que podría tirarme toda la vida amándote de madrugada.
Y joder, qué bonito. Y qué puto miedo da.

Mira, no puedo predecir el futuro, no puedo ver más allá de mis ojos, no atisbo que nos depara todo lo que vendrá pero te aseguro, -y lo afirmo como lo peor que te puede pasar- nadie va a quererte como yo te quiero en ninguna de tus vidas.















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My madness keeps me sane.