Salvarle a alguien la vida para destrozársela tú.
martes, 5 de abril de 2011
Monigoturas :)
Porque yo no soy como los demás. Yo no soy buena o mala, torpe o hábil, grande ni pequeña, yo no decido y ya está. No siempre me gustan las mismas cosas, exceptuando la lluvia y esas sonrisas bien temprano por la mañana, aunque quizá el martes me agraden los detalles que me encantaron ese sábado. A mi me gustan los jueves, pero también los lunes aunque parezcan pesados. A mi no me gustan las etiquetas, las generalidades, lo común, lo rutinario. Me gusta que el sol brille en el cielo pero me encanta más aún que las gotas que lloran las nubes empapen mi pelo; me fascina gritar muy alto pero a veces me deleito en el silencio con mi más profundo pensamiento y esas estupideces tan características de cada monigote que habita en el mapa. A mi, a mi me gustan los elefantes azules, las amapolas naranjas, los libros de biología y las teorías sobre el origen del universo que hacen tender de un hilo la fe que me inculcaron de pequeña. Y quiero seguir siendo pequeña. Yo quiero crecer, pero seguir siendo una niña. Yo quiero soplar velas pero permanecer estática en un momento, en un instante eterno de vosotros y de cada milésima de minuto que hacemos planes para ver que luego ninguno se cumple como lo previmos. Y quiero, quiero con la máxima voz que pueda salir de mi garganta gritar que yo no soy como los demás; porque para mi, cómo decirlo, no existen sentimientos, sino personas.
sábado, 2 de abril de 2011
Date a conocer
Eso de ''ahora me río, pero vamos, en ese momento...''
Pues yo quiero proponer al mundo entero que en ese momento se rían. Yo quiero pintar las señales de magenta y hacer que el suelo brille de naranja, yo quiero escribir un libro que lo lean mil personas, ni una más, yo quiero verter en las piscinas patos amarillos de goma, como en ese anuncio de la tele. Yo quiero que me mires y únicamente pienses en lo que soy, en lo que soy en este momento, quiero contemplar que piensas en mí como alguien presente. Yo, aquí, ahora, esperemos que siempre. Quiero que veas mis ojos verdes y me cuentes eso de... ''ahora me río, pero vamos, en ese momento...''
Pues yo quiero proponer al mundo entero que en ese momento se rían. Yo quiero pintar las señales de magenta y hacer que el suelo brille de naranja, yo quiero escribir un libro que lo lean mil personas, ni una más, yo quiero verter en las piscinas patos amarillos de goma, como en ese anuncio de la tele. Yo quiero que me mires y únicamente pienses en lo que soy, en lo que soy en este momento, quiero contemplar que piensas en mí como alguien presente. Yo, aquí, ahora, esperemos que siempre. Quiero que veas mis ojos verdes y me cuentes eso de... ''ahora me río, pero vamos, en ese momento...''
viernes, 1 de abril de 2011
Ilógica, oh sí, esa soy yo :)
Desde aquí desde mi casa las cosas se ven algo más grandes, es decir, me refiero a que el exterior parece peligroso cuando ignoramos lo que hay en él. Como un laberinto del cual no sabes si saldrás ni los caminos que llevan a más caminos que resulta que no tienen salida. Desde pequeña me han dicho que permanezca quieta y no cruce la calle sin mirar, sin embargo, yo eso me lo he (recurriendo a una frase verídica de uno de mis profesores) pasado por el arco del triunfo. La gente me regaña y me repite una y otra vez aquello de ''algún día te vas a morir'', y yo, como siempre de nuevo recurro al ''si me muero lo denunciaré por haberme atropellado''. Y no. Cuando esté muerta creo que me importará poco si ese tipo está o no en la cárcel, pero bueno, ¿De qué hablaba yo? ¡Ah si! De los laberintos y eso. ¿No? Bueno, pues que nunca entréis en uno que os vais a perder.
Huella
Y entonces una sensación te recorre el cuerpo. Una sensación extraña, una especie de sentimiento raro e ilógico que te provoca una radiante y ensordecedora felicidad. Una cosa que no viene a cuento. Una magia exasperante que te incita a saltar y a gritar muy alto que acabas de suspender. Y no sólo tú. Existe un cúmulo de personas preciosas y llenas de vida que te acompañan en ese camino, y de nuevo, y sin saber verdaderamente porqué, vas a ver un río que se recordaba más grande y te invade una evocación a algún lugar parecido antes, con esa misma emoción y esas mismas ganas de comerte el mundo y chillar y abrazar a los que te rodean, sabiendo y disfrutando de esa compañía tan preciada y sabedora de buenos momentos que adorna cada día, en parte seis horas todas las mañanas y por otra parte unas millones más.
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