Si me robas el mapa del país de los sueños tendré que inventarme el camino. Tendré que investigar los senderos ocultos que hay desde el cielo hasta Marte, y explorar los rincones de los mares, con sus sirenas y sus peces de colores. Tendré que trazar algunos bocetos, medir con regla los escondites y sus tesoros llenos de oro y diamantes, mirar cómo se mueven las nubes e intentar describir su trayectoria después. Tendré que observar los lunares de tu piel y fijarme en las fotos de aquel viejo album, trás la caja de madera en el desván. Tendré que volver a soñar con las hadas y las burbujas de jabón. Y aprender, aprender nombres, lugares y sitios... pero... ¿Sabes qué? Creo que finalmente me devolverás el plano de los recuerdos que cobija todos mis silencios... y... ¿Sabés porqué? Porque el mapa del país de los sueños es sólo mío. El de mi vida. Tu quizá tengas el tuyo. Quien sabe ¿No?
Salvarle a alguien la vida para destrozársela tú.
martes, 29 de junio de 2010
El mapa de mis tesoros
Si me robas el mapa del país de los sueños tendré que inventarme el camino. Tendré que investigar los senderos ocultos que hay desde el cielo hasta Marte, y explorar los rincones de los mares, con sus sirenas y sus peces de colores. Tendré que trazar algunos bocetos, medir con regla los escondites y sus tesoros llenos de oro y diamantes, mirar cómo se mueven las nubes e intentar describir su trayectoria después. Tendré que observar los lunares de tu piel y fijarme en las fotos de aquel viejo album, trás la caja de madera en el desván. Tendré que volver a soñar con las hadas y las burbujas de jabón. Y aprender, aprender nombres, lugares y sitios... pero... ¿Sabes qué? Creo que finalmente me devolverás el plano de los recuerdos que cobija todos mis silencios... y... ¿Sabés porqué? Porque el mapa del país de los sueños es sólo mío. El de mi vida. Tu quizá tengas el tuyo. Quien sabe ¿No?
Yo no soy esa persona
-¿Podrías enseñarme? -preguntó mirando mis ojos-
-No -contesté rotundamente- Yo no soy la persona adecuada
-¿Por qué no? -insistió él-
-Eso te corresponde a tí -dije poniendo el mayor énfasis que pude-
-Quiero aprender -susurró-
-Debes hacerlo solo
-¿No podrías enseñarme al menos cómo consigues ser así?
-No -repetí- No soy la persona adecuada
-Me gustaría saber escoger -dijo pensativo-
Pasaron algunos minutos antes de que encontrara las palabras exactas que quería reflejar.
-¿Te digo algo? -le suscité-
-Si porfavor -volvió a mirarme a los ojos con esa mirada-
-Esa elección es la que te enseñará.
El resopló aunque atisbe algún indicio de entendimiento, que se esfumó segundos después.
-Pero... quiero hacerlo bien, no equivocarme.
-Eso es imposible -dije con una sonrisa-
-¿Imposible? -se extrañó-
-Improbable -suavizé un poco- Te equivocarás -dije con fe de que lo entendiera-
-¿No me vas a ayudar verdad? -susurró mirando con detenimiento el suelo que pisaba-
-No, por tercera vez te repito que yo no soy la persona adecuada.
-¿Y quien lo es entonces?
-Tú -repetí- tú, tú y sólo tú.
-Quiero elegir bien el camino y aprender a vivir.
-Pues vive. Y hazlo ya.
-No -contesté rotundamente- Yo no soy la persona adecuada
-¿Por qué no? -insistió él-
-Eso te corresponde a tí -dije poniendo el mayor énfasis que pude-
-Quiero aprender -susurró-
-Debes hacerlo solo
-¿No podrías enseñarme al menos cómo consigues ser así?
-No -repetí- No soy la persona adecuada
-Me gustaría saber escoger -dijo pensativo-
Pasaron algunos minutos antes de que encontrara las palabras exactas que quería reflejar.
-¿Te digo algo? -le suscité-
-Si porfavor -volvió a mirarme a los ojos con esa mirada-
-Esa elección es la que te enseñará.
El resopló aunque atisbe algún indicio de entendimiento, que se esfumó segundos después.
-Pero... quiero hacerlo bien, no equivocarme.
-Eso es imposible -dije con una sonrisa-
-¿Imposible? -se extrañó-
-Improbable -suavizé un poco- Te equivocarás -dije con fe de que lo entendiera-
-¿No me vas a ayudar verdad? -susurró mirando con detenimiento el suelo que pisaba-
-No, por tercera vez te repito que yo no soy la persona adecuada.
-¿Y quien lo es entonces?
-Tú -repetí- tú, tú y sólo tú.
-Quiero elegir bien el camino y aprender a vivir.
-Pues vive. Y hazlo ya.
Yo de mayor quiero ser cómo tú

Viajar, y estar en casa.
Reir, reir mucho y llorar poco, o llorar de felicidad.
Salir y entrar, y estar en cada sitio con una sonrisa.
Decir cosas bonitas, y verdaderas aunque parezcan crueles.
Bajar a lo alto del mundo y ayudar a los demás.
Tener ese espíritu, esas ganas, ese brillo color mar.
Conocer, conocer lugares y personas, y tratar a los que esten a mi lado con la ilusión del primer encuentro.
Saber perdonar y endulzar el día.
Correr y descansar satisfecha.
Amar y sufrir, desde la esquina de la humildad.
Aprender y olvidar, la simpleza del odio y la complejidad del viento.
Y valorar, ese segundo en el que tu sonrisa forzo a la mía a reir.
Y querer, querer mucho y a muchos.
Y visitar, aquel sitio, ese del que siempre hablas... Ese... ¿Cómo lo llamas? ¡Ah sí!
Futuro.
A tí, papá.
90, 91, 92...
Cuando me miras tan sólo quiero que me beses. Un poco más. Sí. Quiero tus labios, y tu mirada. Sólo para mí. Cuando me besas quiero irme lejos. Desaparecer. Contigo. Muy lejos. Allá donde Cenicienta perdió su zapato. Allá donde Blancanieves mordió la manzana y Shrek estuvo de vacaciones. Allí. Allí en los cuentos. Lejos. Lejos del bien, del mal, del cielo, lejos de cielo, del infierno, del purgatorio, de los peces en el río y los pajaros volando sobre el cielo. Allá muy lejos.
Pero quiero ganarmelo. Sí. Quiero aprender de tí y contigo. Quiero decir algo y equivocarme, y que luego me consueles con una de tus sonrisas. Quiero luchar por tenerte, saber que estás aquí, pero que puedes irte y dejarme. Y tener miedo. Quiero vivir. Con temor e ilusión. Y respirar. Respirar siendo libre imaginando tus brazos. Y otra vez luchar. Esforzarme. Luchar. Por las mañanas siempre luchamos por cinco minutitos más de sueño ¿Cierto? Bien. Bueno... yo lucharé por 90 besos más, por 91 abrazos más y 92 caricias tuyas. ¿Porqué? Lo estuve pensando. Al principio elegí un numero al azar, pero después me decanté por mi número preferido. Sí. Sin embargo me pareció demasiado poco, y sumandole ceros se veía algo bastante irreal. Así que haciendo cuentas me quedé en el 90. ¿Crees que digo incoherencias? Bueno, quizás lo haga. Dicen que estoy loca, supongo que será por algo. No quiero ni uno, ni dos, ni cinco, quiero 90. Sí. 90 besos, 91 abrazos y 92 caricias tuyas. ¿Demasiado? No te preocupes ni te agobies. Tenemos toda la vida. Lucharé por cada uno de ellos. En esa vida.
Pero quiero ganarmelo. Sí. Quiero aprender de tí y contigo. Quiero decir algo y equivocarme, y que luego me consueles con una de tus sonrisas. Quiero luchar por tenerte, saber que estás aquí, pero que puedes irte y dejarme. Y tener miedo. Quiero vivir. Con temor e ilusión. Y respirar. Respirar siendo libre imaginando tus brazos. Y otra vez luchar. Esforzarme. Luchar. Por las mañanas siempre luchamos por cinco minutitos más de sueño ¿Cierto? Bien. Bueno... yo lucharé por 90 besos más, por 91 abrazos más y 92 caricias tuyas. ¿Porqué? Lo estuve pensando. Al principio elegí un numero al azar, pero después me decanté por mi número preferido. Sí. Sin embargo me pareció demasiado poco, y sumandole ceros se veía algo bastante irreal. Así que haciendo cuentas me quedé en el 90. ¿Crees que digo incoherencias? Bueno, quizás lo haga. Dicen que estoy loca, supongo que será por algo. No quiero ni uno, ni dos, ni cinco, quiero 90. Sí. 90 besos, 91 abrazos y 92 caricias tuyas. ¿Demasiado? No te preocupes ni te agobies. Tenemos toda la vida. Lucharé por cada uno de ellos. En esa vida.
Cuando escribo me gusta imaginar. Volar un rato fuera de la tierra, subir al cielo, pintar las nubes de letras y aspirar el silencio. Volverme aire, mezclarme con los aromas del mar y dejarme ir por la brisa de la mañana.
Cuando escribo me gusta estar sola, y dejar que las musas vengan. Liberar mi imaginación y trazar en el papel ideas sin esconder palabras.
Cuando escribo esas ideas se agolpan en mi cabeza, tantas en tan poco tiempo que a veces consiguen agobiarme, entonces... huyo un rato del lapiz y el papel. Luego, más tarde, vuelvo a ellos con algo de música, que deleita mi pensamiento y da cobijo a mis recuerdos.
Y cuando vuelvo a escribir, y siento la textura del papel, cómo en este instante, me quedo mirando fijamente la punta negra y así las letras vuelan solas. Únicas. Tan fáciles de borrar y efímeras en el tiempo.
Cuando escribo me gusta estar sola, y dejar que las musas vengan. Liberar mi imaginación y trazar en el papel ideas sin esconder palabras.
Cuando escribo esas ideas se agolpan en mi cabeza, tantas en tan poco tiempo que a veces consiguen agobiarme, entonces... huyo un rato del lapiz y el papel. Luego, más tarde, vuelvo a ellos con algo de música, que deleita mi pensamiento y da cobijo a mis recuerdos.
Y cuando vuelvo a escribir, y siento la textura del papel, cómo en este instante, me quedo mirando fijamente la punta negra y así las letras vuelan solas. Únicas. Tan fáciles de borrar y efímeras en el tiempo.
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